El presidente del Perú, Martín Vizcarra, acaba de anunciar aislamiento social obligatorio en el país. La causa es la presencia de 71 casos de Coronavirus o Covid-19. Con esta medida se pretende reducir el contagio del virus en la población. El anuncio de Vizcarra me indujo a escribir algunas reflexiones sobre el aislamiento voluntario de los pueblos indígenas amazónicos.

Aislamiento obligatorio versus voluntario

El aislamiento obligatorio es una medida impuesta por un organismo político que supera la libertad individual, familiar y grupal. Las razones son múltiples, pero en este caso es para preservar la salud. El aislamiento voluntario es una decisión personal, familiar y grupal que no sobrepasa la voluntad nacional, pero que subsiste al interior de esta. Las razones son múltiples, pero la historia solo rescata dos: huir de las correrías, de la esclavitud y de la muerte.

El aislamiento obligatorio, en este caso, obedece a una causa externa. La enfermedad vino de Europa. El aislamiento voluntario, en este caso, también obedeció a una causa exterior, pero  múltiple. Aparte de las correrías y la esclavitud, venían la gripe y la viruela.

El aislamiento obligatorio es, en este caso, una medida preventiva. La idea es que el Covid-19 no avance. El aislamiento voluntario fue una medida para sobrevivir a la esclavitud y a la muerte ya generalizadas. Fue una medida que aseguraba la supervivencia en condiciones mínimas, casi colindantes con la inanición. Siendo así, es difícil considerarla como aislamiento voluntario, más bien fue una diáspora, un exilio, un desplazamiento forzado.

Cabe precisar los significados de estas palabras. Para ello me apoyo en el Diccionario de la Lengua Española 2019. Diáspora: “dispersión de grupos humanos que abandonan su lugar de origen”. Exilio: “separación de una persona de la tierra en que vive”. Desplazamiento forzado: mover o sacar a alguien del lugar en que está por razones ajenas a su voluntad.

Aislamiento voluntario en cuestión

La posición que planteo genera una ruptura en la forma de entender el aislamiento voluntario. Para mí, no se debe asociar el término con el pasado de los pueblos indígenas, porque, como dije, lo de ayer fue una diáspora, un exilio y un desplazamiento forzado. Entonces ¿puede aplicarse el término a la situación de hoy? Veremos esto más adelante.

El aislamiento obligatorio tiene un tiempo definido. Durará 15 días de acuerdo al mensaje presidencial. Según las circunstancias o los efectos, esta medida podrá prolongarse o levantarse. El aislamiento voluntario también tiene un tiempo definido. No es permanente. Dado que es una decisión autónoma -es decir voluntaria-, el tiempo de duración del aislamiento está definido por quienes tomaron la decisión. Así pues, la medida se ampliará, levantará o se retomará de acuerdo a la evaluación de las circunstancias internas y externas que le dieron origen. Ejemplifiquemos. Si el Covid-19 se controla, la medida caerá. Si las persecuciones, la esclavitud y la muerte están controladas, entonces el aislamiento voluntario termina.

Así entiendo el aislamiento voluntario

En este punto es necesario aclarar qué entiendo por aislamiento voluntario. En primer lugar, no es un término que haya nacido en el interior de las poblaciones indígenas, sino que fue atribuido desde la sociedad nacional con el objetivo de describir una situación social específica y configurar sistemas político-legales de protección para las poblaciones indígenas.

En segundo lugar, el aislamiento voluntario no es un hecho social común ni recurrente entre las poblaciones indígenas. Dentro de su espectro de decisiones, considero que el aislamiento está en el límite. Es un hecho social inviable en el largo plazo.

He conocido personas que se aíslan voluntariamente, pero solo para seguir una práctica ritual-trascendente que dura contados períodos de tiempo, sin que ello implique una desconexión total del grupo del que forman parte. He conocido familias que se aíslan, o mejor dicho que se alejan de otras, pero con la única finalidad de diluir las diferencias o discusiones. Luego de que el tiempo ha dado su juicio, las relaciones vuelven a la normalidad.

Interacción en vez de aislamiento

Por esta razón considero que el término “aislamiento voluntario” es inadecuado para definir la situación social de algunas poblaciones indígenas de la actualidad. Tampoco ofrece la posibilidad de conocer la dinámica interna de estas poblaciones en su relación con la sociedad nacional. El término aislamiento voluntario cierra toda posibilidad de evaluación e indagación, y desde el punto de vista político, configura un sistema de protección cerrado e indiscutible.

En vez de aislamiento voluntario, prefiero hablar de grados de interacción. Los mashco piro, de acuerdo a las circunstancias, han elegido un grado de interacción esporádica con la sociedad nacional. Así también, de acuerdo a la circunstancia, eligen un tipo de interacción beligerante (defensa/ataque) o pacífica (trueque/intercambio). El caso de los “aislados” del alto Camisea y del alto Manu también es ilustrativo. Han elegido un grado de interacción esporádica y pacífica basada en el intercambio, dado que sus paisanos, con los que interactúan, se encuentran en la misma cuenca.

El caso de los indígenas considerados en “contacto inicial” también resulta ilustrativo. Algunos, como los del alto Camisea, tienen una interacción recurrente y pacífica, mientras que el grupo del alto Mishagua tiene una interacción permanente y pacífica.

Me parece, por lo tanto, que cada grado y tipo de interacción que propongo puede ofrecer un conocimiento más detallado de la situación social de las poblaciones indígenas, de sus decisiones internas y de la evaluación que realizan del exterior. Así también, puede ofrecer campos de investigación y análisis más específicos. Pero, más allá del interés académico, esta propuesta podría guiar procedimientos de protección mejor acomodados a los intereses de estas poblaciones.

Conclusiones

El aislamiento voluntario es una decisión autónoma que se diluirá o retomará de acuerdo a la evaluación de las circunstancias internas y externas que le dieron origen. De esta forma, ningún aislamiento es permanente, dado que las causas se diluirán o transformarán tarde o temprano. Así también, ningún aislamiento social implicará una total desconexión del contexto nacional.

Las poblaciones indígenas del pasado, las que viven recluidas en las cabeceras de las cuencas, no experimentaron un aislamiento voluntario, sino una diáspora, un desplazamiento forzado, un exilio provocado por circunstancias externas.

El término “aislamiento voluntario” es inapropiado para definir una situación social específica de los pueblos indígenas amazónicos, ya que, en principio, el “aislamiento” no es una práctica social generalizada ni funcional al interior de estas sociedades.

En vez de aislamiento voluntario, es preferible analizar los grados y los tipos de interacción social que construyen las poblaciones amazónicas con la sociedad nacional. Esto permitiría no solo conocer las dinámicas internas y externas de estas poblaciones con mayor precisión y apertura, sino también plantear estrategias precisas y funcionales de protección.

Cusco, 15 de marzo de 2020.

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