Empecemos el viaje. Las ideas que nos guiarán por esta inusitada ruta son las siguientes: la gente del bosque y del río tiene una posición reguladora, pragmática, consensual y ecléctica frente a los nuevos procesos. Se advierte, ante la inminente transformación, la continuidad de sus valores fundamentales: el compartir, la hospitalidad, el diálogo, el pragmatismo, la franqueza, la alegría y, ocasionalmente, su carácter frontal.

Los compañeros de ruta

La primera vez que me subí a un pequeño bote de madera temblé por la aparente inestabilidad. Pero ese fue el menor de los problemas. El reto es aguantar todo el viaje con el mismo ánimo. El río parece inacabable y las horas son inconsecuentes. Si algo le sobra al bosque, al río y a su gente, es tiempo. Quiero decir que a esta gente le gusta viajar, transcurrir en el tiempo, como el río, sin ataduras ni achaques de conciencia. Le gusta conocer, explorar, curiosear y preguntar. Tiene el temple para ello, y siempre con la misma actitud, sin importar las distancias o los recovecos. Es gente consecuente a pesar de la magnitud de los cambios.

He viajado con los harakbut y los ese eja del Madre de Dios, con los yine del río Acre y del Bajo Urubamba. He compartido ruta con los matsigenka del Urubamba. También he navegado con los nahuas o “sharas” del Mishagua. Sí, están cambiando, aunque debo decir que sus transformaciones tienen diferente intensidad para cada caso, incluso al interior de sus posiciones sociales.

Los procesos de cambio

La extracción de oro aluvial afecta principalmente a los harakbut del Madre de Dios. El turismo vivencial está cambiando la vida de los ese eja y de la facción wachiperi de los harakbut. La extracción de madera es parte de la vida de los yine del río Acre y del río Sepahua. Los efectos de la explotación del Gas de Camisea son visibles entre los matsigenka, yine y nahua del Urubamba. La expansión del cultivo de coca para fines ilícitos atañe a los wachiperi del Pillcopata y a los matsigenka del Alto Urubamba. La inmigración quechuandina y el cambio del uso del suelo para fines agrícolas y pecuarios también está cambiando la Amazonía suroriental del Perú.

Es claro que no son procesos económicos nuevos, sino que, según el escenario económico internacional, retornan o retroceden en ciclos de mayor o menor intensidad. Tampoco son procesos que tuvieron origen en el interior de la Amazonía, sino que obedecen a demandas externas. Sin embargo, aunque la gente del bosque y del río no ha ocasionado estos procesos, ahora es parte de ellos. Quiero decir que, como nosotros, la gente de la selva se ha convertido en parte sustancial de la demanda.

Prefiero dejar a ustedes la enumeración de los cambios que están produciendo la agricultura, el turismo, la migración y la extracción de oro, gas y madera. Cada persona evaluará estas transformaciones según su experiencia. A mí me interesa decirles cómo está respondiendo la gente del bosque y del río a estos cambios.

La respuesta de la gente

La gente del bosque y del río se involucra rápidamente en los procesos económicos. No es gente que rechaza los cambios en primera instancia, es decir, sin haberlos visto, hablado y probado antes. Si en su recorrido encuentra inconsistencias o situaciones que pueden afectarle, entonces regula el sistema o se retrae, más no se aparta. Su cuestionamiento proviene cuando los beneficios no le llegan en forma concreta. Más que “antimineros”, prefieren ser dialogantes. Su objetivo es regular la actividad para adquirir beneficios concretos: trabajo, compensaciones, etc.

La gente del bosque y del río se adapta a los cambios. No es gente que se retrae en su identidad ni en sus tradiciones de manera absoluta. Es ecléctica, es decir, asume elementos, ideas y posibilidades de diversas fuentes culturales. Aprovecha los beneficios económicos y tecnológicos que trae la modernidad. Es gente abierta a la modernidad, no porque esta sea mejor o superior, sino porque es nueva, interesante y puede servir para la extensión de los valores fundamentales.

Es gente que le gusta conversar, llegar a consensos y discernir sobre la posición del otro. Escucha y comprende la problemática que le presentan los actores y las circunstancias externas. Discierne sobre ellas en base a la información que recibe de quienes le rodean. No es gente que conozca de geopolítica ni toma información abstracta como referente para sus decisiones. Tampoco es gente que decide en base a supuestos o proyecciones futuras. Decide y actúa para salvar el presente. Toma decisiones prácticas porque resuelven problemas inmediatos.

Cuando la información es abstracta o las circunstancias son complejas e ininteligibles, entonces acude a los profesores de escuela, a los dirigentes, a los médicos, a los comerciantes, a los misioneros y a los profesionales que están en la zona. Solo una élite acude a sus oráculos mediante la ingesta de sustancias sicoactivas.

La fuente de las respuestas

Esta forma de ser de la gente del bosque y del río proviene, principalmente, de las lecciones que puede sacar de la naturaleza. La selva amazónica manifiesta un ciclo inacabable o al menos perdurable. Es inmensa, abundante y sobrecogedora. Mantiene un orden, un acuerdo para autoreproducirse. Es sonora y colorida, diversa e inabarcable. La gente del bosque y del río valora estas lecciones y las convierte en hechos. No quiero pintar nuevamente la imagen del idílico indígena del siglo XVIII, sino resaltar que, en un punto de su existencia, algunas personas del bosque y del río prefirieron resaltar valores que consideraron correctos para su existencia y continuidad.

Incluso, si exploramos aún más en el origen de estos principios fundamentales, encontraremos de que las enseñanzas provienen de las plantas sicoactivas. Las visiones permiten apreciar los coloridos y estimulantes seres que viven tras las formas ordinarias. Su sabiduría es accesible. Sus consejos y mensajes son concretos y siempre apuntan al crecimiento de uno mismo. Los brebajes sicoactivos enseñan cómo alcanzar un grado avanzado de humanidad. Lo he visto en los nahuas, ese ejas y yines al ingerir ayahuasca. En los matsigenka con la aspiración del tabaco y en los wachiperi con el floripondio.

Los valores incorrectos

Desde luego, los cambios también traen valores contradictorios. La modernidad, en especial la que se manifiesta en actividades informales, ilegales e ilícitas, trae consigo la ambición, la mezquindad, el individualismo, la explotación, la exclusión, la discriminación y la mentira. De acuerdo a la influencia que reciben, la gente del bosque y del río también navega por estas corrientes. Por ello, considero de que la mayor amenaza no son las actividades económicas de por sí, sino los valores incorrectos que se tejen en torno a ellas.

La imagen del indígena

Así pues, dependiendo de la imagen que hemos construido del indígena amazónico, plantearemos un conjunto de políticas para su bienestar. De hecho, en el momento, todas las políticas sociales planteadas por el Estado peruano apuntan a revertir una imagen trágica que hemos construido del indígena. Considero de que la imagen actual de la gente del bosque y del río debe cambiar.

Para mí es gente que propone y aporta, es gente alegre, hospitalaria y consecuente, es gente que fluye y se adapta fácilmente a las circunstancias, es gente que comparte y aprende. Esta es una imagen que, de hecho, no solo puede redireccionar nuestras políticas públicas, sino que además permitiría construir una modernidad más justa y humanizada.

Conclusión

Tomando en cuenta mi experiencia, considero de que la mejor propuesta de la gente del bosque y del río a esta era de cambios es, justamente, la continuidad de sus valores fundamentales, que son: la alegría, el compartir, la hospitalidad, el pragmatismo, el diálogo, la franqueza, el eclecticismo y, ocasionalmente, su carácter frontal.

Donaldo Humberto Pinedo Macedo.

Ponencia presentada en el conversatorio “Amazonía: Perspectivas en épocas de Cambio”, VI Feria Internacional del Libro del Cusco, domingo 08 de setiembre de 2019.

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