(A Silvia, por su amor sistemático)

Yo soy el sistema,

el sistema vive en mí.

No soy perfecto, como él.

No voy en contra de él,

como él no está en contra mío.

El sistema fluye en mí y yo fluyo en él,

no por obligación, sino porque es así,

así se dijo y así tenía que ser.

Nací en él y él me vio nacer.

Me crió, me enseñó, me sedujo.

Su magia es elegante.

Sus encantos son majestuosos,

Su hedor indescriptibles,

Su variedad contagiante.

Entró por mis ojos y ahora vive en mí.

Dejarlo es imposible, apartarme innecesario,

cuestionarlo peligroso, convulsionarlo imprudente.

El sistema vive en mí y yo en él,

no porque quise, o él así lo quiso,

sino porque así es y así será.

No es libertad luchar contra el sistema,

no es libertad desatarse de sus cadenas,

no es libertad bombardearlo con alardes y pancartas.

Porque sería atacarme a mí mismo,

a quienes amo y espero que prosperen.

Porque si él enferma, entonces yo también.

Aunque parezca sujeto a él y él a mí,

y aunque parezca conformista,

en realidad el sistema me libera,

me cuestiona,

me permite,

me sustenta,

me engríe,

me ausculta,

me corrige y

me enseña el camino de la perfección.

Si yo soy el sistema y él es yo mismo,

entonces tengo libertad para perfeccionarlo,

amasarlo,

moldearlo,

adecuarlo,

adaptarlo,

redireccionarlo,

redefinirlo,

reciclarlo,

renovarlo,

refrescarlo,

resetearlo,

reenfocarlo,

recolorearlo,

revisarlo,

recomponerlo,

restablecerlo,

rediseñarlo,

reembellecerlo,

reinventarlo,

reencauzarlo.

Así como soy, así como el sistema es,

tengo libertad de hacer y deshacer,

aprender y enseñar,

pararme y plantear,

organizar y operar,

pensar y actuar,

meditar y construir,

decir y obrar,

caminar y avanzar,

reír y soñar,

intuir y elevarme.

El sistema soy yo y yo soy el sistema.

¿Por qué habría de ir contra mí mismo?

¿Por qué tendría que apedrearme a mí mismo?

¿Acaso no puedo avanzar hacia algo distinto?

Si yo soy él y él es yo mismo,

entonces no soy prisionero,

ni carcelero,

ni verdugo,

ni víctima,

ni opresor,

ni oprimido,

no soy nadie,

ni nada,

soy simplemente el sistema.

Si yo soy el sistema y él soy yo,

entonces digo y propongo,

y hago de mí una maravilla,

una luz refulgente,

un amor imperecedero,

un lugar hermoso,

un sinfín de amaneceres,

un inacabar de atardeceres,

un canto de aves,

una sinfonía de voces,

un estrépito de risas,

un andar llano y lento,

un ser complaciente,

seguro,

firme,

inquebrantable,

regocijante,

fresco,

desnudo,

abierto,

simple,

amable,

tierno.

Si yo soy el sistema y él es yo mismo,

entonces puedo ser quien yo quiera

y él será lo que yo quiera,

porque así es y así lo digo.

 

Donaldo Humberto Pinedo Macedo.

Cusco, viernes 20 de setiembre de 2019

Opinión de Silvia: “Dosio, por si acaso yo soy antisistema”