No preservemos las lenguas, sino los sentimientos sublimes y los pensamientos refinados que han elaborado los indígenas en su relación con el bosque y el río.

Las lenguas indígenas no estarán aquí como las conocemos hoy. Talvez supervivan en los textos, pero no en el hablar cotidiano. Nuestras políticas de preservación de las lenguas indígenas están equivocadas, porque preservan reglas y sonidos que pronto serán vetustos. El pensamiento y las emociones indígenas tomarán su propio camino, sea en sus propias lenguas o mimetizadas en otras.

Perspectiva

Ninguna de las lenguas indígenas que conocemos hoy fue la misma hace 500 años. Todas las lenguas indígenas que conocemos hoy cambiarán de acá 100 años. Las lenguas indígenas solo quedarán en el papel, porque en el habla común se habrán estirado al límite de la imaginación. El año internacional de las lenguas indígenas fue consignado para reconocer la pérdida, no para convertirse en un hito de continuidad.

El numen de las lenguas

El principio de toda lengua es la manifestación de los pensamientos. Una lengua le da estructura y sentido a las emociones. El pensamiento se hace verbo con la lengua. El pensamiento subsiste sin la lengua, mas la lengua no puede existir sin el pensamiento.

El principio fundamental de la gente indígena -como el de la humanidad- es comunicar sus pensamientos y emociones, y para ello utilizará cualquier lengua a su alcance, sea la materna, la general o todas al mismo tiempo. No distingue, no se confunde. Su afán es manifestarse en la lengua que sea.

Si no hay lengua, los sentimientos encontrarán gestos, sonidos, símbolos, actos o sueños para manifestarse, aunque tarde o temprano crearán una forma de comunicación estructurada, simbólica, precisa, exacta y pulida, que se puede llamar lengua. Pero esta no quedará estática, porque se compartirá y se validará con otras. Entonces renacerá o subsistirá de otra manera. ¿Por qué lamentarse?

Si prevalece la lengua por sobre los sentimientos, como pasa ahora, entonces estamos forjando distinciones, diferenciación, ansias de reconocimiento. Una lengua puede morir, desvanecerse, transformarse, mimetizarse o adaptarse, ese es su camino, su dinamismo, pero subsistirá en la forma que sea solo para expresar el pensamiento y las emociones. No debemos preservar la lengua, sino la calidad de los pensamientos y el lado sublime de las emociones para que se puedan expresar en cualquier lengua.

El lenguaje de las plantas maestras

Ninguna planta sicoactiva, cuando se comunica, tiene un idioma preferido o trata de preservar uno. La inteligencia de las plantas maestras se manifiesta en todos los idiomas. Se acomoda a cada persona según su propio lenguaje. A las plantas maestras no les interesa preservar una lengua, sino dar su mensaje en una manera que se entienda. Siempre encuentran las palabras adecuadas en la lengua que sea. Así hablan las plantas maestras, en modo multilingüe. No se detienen en las pérdidas idiomáticas o en sus transformaciones, simplemente se pronuncian.

¿Qué debemos preservar?

No serán las lenguas indígenas. Ellas están en transformación. Estamos gastando el tiempo en darles cabida institucionalizándolas, normándolas y alfabetizándolas. Tarde o temprano serán lenguas de papel, comidilla para los arqueolingüistas.

Debemos preservar aquellas emociones sublimes y aquellos pensamientos refinados que dan cuenta del carácter de la gente del bosque y del río. Debemos preservar o dar continuidad a los pensamientos y emociones que, a veces sin procedimiento de la lengua, se expresan en actos como el compartir, la solidaridad, la alegría y la hospitalidad.

Los indígenas defienden su idioma

No es cierto. Solo en los discursos que ofrecen para las organizaciones que los financian. En su quehacer cotidiano el indígena apunta hacia el castellano. En el mundo occidental, su mejor arma es el castellano, porque a través de él logran comunicarse: expresan sus ideas, necesidades y requerimientos al sistema predominante. El gran poder del castellano está en que puede ser escuchado. Con él se puede negociar, reclamar y lograr cosas que con el idioma materno serían impensables. Pero el enemigo no es el castellano ni su poder, el enemigo es el silencio de las emociones sublimes y los pensamientos refinados que ha elaborado la gente en su convivencia con el bosque y el río.

Pero felizmente ningún indígena que conozco se queda callado. Todos quieren hablar, compartir, argumentar, contar, conversar y enterarse. Utilizarán cualquier lengua para ello, la que esté a su alcance. Incluso la alimentarán y la harán más divertida. Así pues, el castellano es más alegre cuando tiene sabor a selva. Así también, el castellano es un queso delicioso que se disfruta con el mote andino.

Conclusión

El futuro de las lenguas indígenas es su extinción, eso si pensamos preservarlas tal como las conocemos hoy en día. Pero si acaso consideramos preservar los sentimientos indígenas, sus emociones y su proclividad a la comunicación, entonces las lenguas indígenas sobrevivirán por siempre y para siempre, aunque bajo distintas formas y tomando como vehículo varias lenguas. La gente del bosque y del río se comunicará, de todas maneras, con una u otra lengua. Ese es el futuro. Solo deseamos que la gente priorice los pensamientos refinados y las emociones sublimes.

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