Es una palabra quechua que describe la acción de retribuir, gratificar, comprometer, colaborar, prestar, contribuir, sembrar, apoyar, ayudar y solidarizarse. Así la define la AMLQ-Cusco (2005), Laime (2007), la AMLQ-Apurimac (2007), y autores como Avendaño (1995: 416), Flores (2007: 16) y Mercado (Bonet & Pinedo, 2014: 165).

Hurk’a y ayni

Hurk’a es diferente de ayni. Nao Nobuoka (1996: 58) y Rafael Mercado (Bonet & Pinedo, 2014: 165), aclaran que el ayni es un principio de reciprocidad ineludible y obligatorio, es un compromiso irrenunciable que puede hacerse efecto en el corto, mediano o largo plazo. En cambio, la hurk’a es una solicitud de apoyo inmediato que puede atenderse o no. En otras palabras, la hurk’a es una “presunción de reciprocidad”.

La hurk’a en el Cusco

En la ciudad del Cusco, la hurk’a tiene un significado que no aparece en otros contextos urbano-rurales de los Andes.

El acto de hurk’ar, que en quechua sería hurk’aq o hurk’akuq (AMLQ-Cusco, 2005), se lleva a cabo por una pareja de personas que, si los ubicamos en el contexto de las festividades religiosas católicas, se les llama mayordomos o carguyoc.

Ellos preparan la hurk’a, que es un conjunto de dones conformados por panes especiales y cerveza. Los mayordomos ofrecen la hurk’a a los feligreses para comprometerlos con alguna retribución en bienes o servicios. Estos insumos servirán para realizar la festividad religiosa.

En el acto de hurk’ar siempre está presente una representación de la deidad católica. A esta se le denomina “la Demanda”, que es una imagen en pequeña escala de la imagen principal. Por ejemplo, la Virgen Inmaculada Concepción del Cusco, más conocida como “La Linda de la Catedral”, tiene su Demanda, que es su doble, es decir, una representación fidedigna de Ella o mejor dicho Ella misma, pero del tamaño adecuado como para que los mayordomos la lleven en sus manos.

Son los mayordomos quienes preparan la hurk’a y la ofrecen a los feligreses con la finalidad de solicitarles el respectivo apoyo y colaboración. Pero como en la transacción ritual está presente la Demanda, es decir, la representación de la deidad, entonces las solicitudes que hacen los mayordomos son, en el fondo, el deseo de la deidad. En otras palabras, la Demanda de “La Linda”, es quien demanda la colaboración a sus feligreses (Bonet & Pinedo, 2014: 92-100).

El acto de hurk’ar se construye al interior de un ritual religioso. Los dones que la conforman -panes hurk’a y cerveza- no son dones comunes o circunstanciales, son dones rituales, es decir sagrados. La presencia de una imagen religiosa en el acto de hurk’ar, me refiero a la Demanda, ratifica o legitima esa condición.

Los poderes de la deidad

Es evidente que la Virgen María, en su advocación de la Inmaculada Concepción, tiene gran arraigo en la devoción popular. Sin embargo, la doctrina teológica que sostiene que María, como segunda Eva, fue concebida sin pecado original (Pío IX, 1854), no tiene el mismo arraigo. Es decir, se tiene mucha fe en la imagen de la Virgen Inmaculada Concepción, pero la devoción popular no toma en cuenta la explicación teológica que sostiene dicha advocación.

Por ejemplo, la devoción cusqueña ha otorgado a la Virgen Inmaculada Concepción del Cusco, más conocida como “La Linda de la Catedral”, poderes singulares que, en primer lugar, no están relacionadas a la doctrina católica y, en segundo lugar, obedecen a creencias místico religiosas de origen prehispánico que tienen la capacidad de sostenerse o evidenciarse en los cultos católicos andinos.

¿Cómo una imagen religiosa que ejemplifica una doctrina católica específica tiene entre sus devotas una interpretación distinta a la oficial? La devoción a la Inmaculada Concepción, en este caso a La Linda de la Catedral, se ha construido a partir de la manifestación constante de los poderes específicos de la virgen entre sus devotas.

¿Qué poder es ese? La Linda tiene el poder de la concepción. Su virtud, su milagro, es transferir a las mujeres que lo requieran el don de la concepción, ya que, según las devotas, la imagen de La Linda fue labrada como si estuviera “gestando al niñito Jesús”, y por ello estaría en su fase de concepción. Por extensión, la Inmaculada representaría la reproducción, la fertilidad, la fecundidad y la vitalidad (Bonet & Pinedo, 2014: 143).

La hurk’a, entidad tripartita

En el ritual de la hurk’a participan tres entidades. Primero, la Demanda, que, como deidad poseedora de poderes supremos, se convierte en la dadora original.

La deidad es la entidad que, sin condición previa y siguiendo sus facultades divinas, ha dado sus poderes en forma de milagros a sus feligresas. Ella es quien inicia la reciprocidad, otorgando sus milagros de forma incondicional.

La segunda entidad son los mayordomos, la pareja que se encarga de preparar la hurk’a y de llevarla a los feligreses. Durante sus visitas, los mayordomos llevan en sus manos a la Demanda, la dadora original. Los mayordomos solicitan el apoyo siempre a nombre de la deidad. Los mayordomos son los intermediarios de la dadora original, los dadores iniciales, los que entregan la hurk’a en forma práctica, concreta y material a los feligreses. Los mayordomos son quienes se encargan de solicitar, negociar, recepcionar, organizar, preparar y redistribuir los bienes y servicios que captan.

Temple y Chabal (2003, tomo I) dicen que el ser humano, cuando asume el rol de intermediario de los poderes sagrados, se hace responsable de estos, no solo encargándose de su transmisión a los demás, sino también gestionándolos. En adición, Ferraro (2004: 28) dice que los intermediarios, responsables de la circulación de los poderes de la deidad, también tienen un rol esencial en el incremento de ese poder.

Por ejemplo, los mayordomos recibirán la retribución de los hurk’ados y la redistribuirán durante la festividad religiosa, siempre en presencia y en nombre de la imagen religiosa. Los dones originales retornan transformados en viandas, música y algarabía a la dadora original, quien ve o siente -al igual que sus devotas- que su poder se recompone, se ratifica o incrementa.

La tercera entidad son los feligreses, quienes reciben la hurk’a. Los hurk’ados tendrán en sus manos la decisión de responder o no a la demanda que le hacen la deidad y los mayordomos. Si deciden responder al compromiso, determinarán la cantidad y la calidad de la retribución. Luego, durante la festividad, esperarán que sus dones entregados sean redistribuidos en forma de viandas, bebidas y festejo.

Es así que el sistema de cargos o mayordomías es la expresión fidedigna de la estructura ternaria de la reciprocidad. La Virgen Inmaculada Concepción, poseedora del poder de la concepción, es la dadora original. Los mayordomos son los receptores momentáneos de esta dádiva original, para luego convertirse en intermediarios o en dadores iniciales, ya que tienen la responsabilidad de transferir este don (materializado en la hurk’a) a la feligresía. Esta, a su vez, se convierte en la receptora del don original, quedando en ella la obligación de devolver bienes y servicios equivalentes en un tiempo definido. Los mayordomos, como intermediarios, reciben estas dádivas, las concentran, las compensan y transforman para luego redistribuirlas en bienes y servicios consumibles, devolviendo de esta manera productividad, fertilidad, fecundidad y vitalidad a todos los participantes de la festividad y, sobre todo, a la dadora original, a la Virgen Inmaculada Concepción (Bonet & Pinedo, 2014: 159).

El sistema de cargos o mayordomías, como estructura ternaria, se parece a la mink’a (nivel intracomunal de reciprocidad). Celestino (1981: 61-62) constató que en el valle del Mantaro, durante el siglo XVIII, los mayordomos o priostes de las cofradías de pastores recibían un conjunto de dones de la comunidad para preparar la comida colectiva durante las fiestas del calendario católico. Bajo esta evidencia, todo indica que la mink’a, modelo redistributivo de origen prehispánico, no solo subsistía como parte de la organización de las comunidades indígenas coloniales, sino que además se había instaurado o se reflejaba a través del sistema de cargos o mayordomías. Mientras que en la mink’a el kuraka cumplía el rol de intermediario, en el sistema de cargos esa función le corresponde a los mayordomos. La misma estructura redistributiva que regía a las cofradías de pastores del siglo XVIII, hoy se refleja en el sistema de cargos o mayordomías (Bonet & Pinedo, 2014: 162).

El acto de hurk’ar es un proceso que legitima la forma intracomunal de redistribución prehispánica, pero dentro de un contexto religioso católico (Bonet & Pinedo, 2014: 166).

La mink’a prehispánica, sin un sistema cultural propio, general y autónomo en donde sustentarse, hoy se aloja en las festividades religiosas católicas cusqueñas, en donde adquiere, a través de la hurk’a, no solo legitimidad religiosa y social, sino que además la continuidad de su lógica y de sus principios de funcionamiento.

La hurk’a, si bien es una palabra quechua o la reminiscencia de una actividad prehispánica, se instauró en un contexto religioso católico y con elementos simbólicos católicos para acomodar o hacer fluir los principios prehispánicos (Bonet & Pinedo, 2014: 167).

Finalmente, considero que la teología prehispánica demuestra su capacidad de adaptarse o reproducirse en formas religiosas contemporáneas de diferente origen y credo, demostrando así su alto sentido ecumenista. Estoy convencido que la gente hace la Iglesia y que la Iglesia se debe a su gente.

Conclusión

Considero que la hurk’a, una forma de reciprocidad de origen quechua-andino, es un sistema estructurado y complejo de reciprocidad y redistribución de bienes, servicios y poderes sagrados al interior de las festividades religiosas católicas del Cusco.

Esto manifiesta la capacidad de la gente andina-urbana contemporánea de adaptar la estructura de un ritual y una teología prehispánica, a un contexto religioso católico.

Bibliografía citada

AMLQ-APURIMAC. 2007. Diccionario de Quechua Apurimeño. Apurimaqpaq Runasimi Taqe (Abancay: Academia Mayor de la Lengua Quechua filial Apurimac).

AMLQ-CUSCO. 2005. Diccionario Quechua – Español – Quechua: Simi Taqe (Cusco: Academia Mayor de la Lengua Quechua del Cusco).

AVENDAÑO, Ángel. 1995. Diccionario Enciclopédico del Qosqo (Cusco: Municipalidad del Qosqo).

BONET, Silvia y PINEDO, Donaldo. 2014. El sistema de cargos o mayordomías en la festividad de la Virgen Inmaculada Concepción del Cusco (Cusco: UNSAAC). Tesis para optar el título de profesional de licenciados en antropología.

FERRARO, Emilia. 2004. Reciprocidad, don y deuda: relaciones y formas de intercambio en los andes ecuatorianos (Ecuador: FLACSO, ABYA YALA).

FLORES OCHOA, Jorge A. 2007. “La Linda del Cuzco” (Cusco: cuadernillo que comprende ambos textos editados en diciembre de 2007 por JL Editores)

LAIME AJACOPA, Teófilo. 2007. Diccionario Bilingüe, Iskay simipi yuyayk’ancha: Quechua – Castellano, Castellano – Quechua (La Paz, Bolivia).

MAUSS, Marcel. 1971 [1925]. “Ensayo sobre los dones. Motivo y forma del cambio en las sociedades primitivas”, p. 155-263. En: Sociología y Antropología (Madrid: Tecnos)

NOBUOKA, Nao. 1996. “La fiesta de la Mamacha Asunta en la ciudad del Cuzco”, p. 49-63. En: TOMOEDA, Hiroyasu y MILLONES, Luis (editores), La tradición andina en tiempos modernos (Osaka: National Museum of Ethnology).

PÍO IX, Santo Padre. 1854. Ineffabilis Deus. Carta Apostólica del 8 de diciembre de 1854 (Ciudad del Vaticano).

TEMPLE, Dominique y Mireille CHABAL. 2003 [1995]. Teoría de la reciprocidad. Tomo I: La reciprocidad y el nacimiento de los valores humanos, y Tomo II: La economía de la reciprocidad (La Paz: PADEP, GTZ).