Mi madre no le teme al virus,
ella pone el pecho,
sale con su corona
a defender su techo.

Mi madre dice que finalmente
los lunes se fueron de la mente.
Pero hace el mercado y la comida,
limpia tanto que se refleja en mi retina.

Se fueron los días de la semana,
amarra a mi padre a la cama.
No extraña las visitas pomposas
ni a sus amigas chismosas.

Sueña que sus hijos están con ella,
que los abraza y los mima.
Piensa que esas lonlas no dan talla,
porque ella dejó alta la valla.

Dios mismito baja y la consuela,
“no llores Mujer, que tu hijo es hermoso”.
“Sí Taytita -dice mi madre-
aunque es ingrato y baboso.

Paso para calmarla,
pero me cae un escobazo,
“¿Yo qué hice mamá?”
-mejor te callas sino te doy otro mazazo-.

Lava los platos y me enoja,
no entiendo, hasta se pone roja.
Me llega la paciencia al riñón,
pero sé que mañana le daré la razón.

Sus manos no dejar de acariciar,
su mirada no deja de amar
y mientras su cabeza no deja de trabajar,
su chancla no deja de aleccionar.

Mi madre no es de amplio verbo,
mi madre es del silencioso ejemplo.
Quieto loco, quieto,
que eso es amor completo.

Mi madre no está conmigo,
ha viajado a otro destino,
solo me queda suplicar
para que me vuelva a apapachar.

En estos días de cuarentena, Feliz Día Mamá.